miércoles, 19 de septiembre de 2007

Una noche con Quito Eterno

Ustedes perdonarán la propaganda, no es culpa que uno ame lo que hace. Este es un video filmado por Ricki Cobo, quien realizó una visita con el programa educativo Quito Eterno. Allí verán al Señor de las Tinieblas y al Chulla Quiteño, mis queridos amigos José Luis Jimenez (artista que mantiene vivas las antiguas técnicas de la llamada "escuela quiteña") y William Salazar (uno de los quiteños más quiteños que conozco). Disfrútenla...


Sobre ángeles y otros demonios (última parte)


Sin embargo, no es posible creer que los ángeles, en Quito, vivan con tanta impunidad y descaro. La alargada, helada y muy poco estética mano de la censura moral también ha tocado a estos juguetones habitantes del centro histórico. En el convento de San Francisco, a los niños que se encuentran en los artesonados de las cuatro esquinas del primer claustro, los vistieron con unos calzones azules, mal pintados y peor dibujados, sobre su ingenua desnudez. Una tragedia peor es la que ensañó sobre las hermas de los púlpitos coloniales. A todas ellas, y lo digo así porque todas son mujeres, les cortaron de mala manera los turgentes pechos que se mostraban, insolentes, ante la feligresía. Supongo que al censor no le gustaba para nada que los ángeles tuviesen sexo. Triste destino para las mejores representantes de la belleza humana, en la escultura quiteña del siglo XVIII. Aún se pueden ver los resultados de semejante barbaridad en San Francisco y en la Compañía, aunque en ésta última los provocadores senos les han sido devueltos a sus legítimas dueñas y, por medio de ellas, a la ciudad.

Dicen que, dentro de las jerarquías celestiales, los querubines y serafines están más cerca de Dios; de allí su forma pura, simbolizada en sus rostros de niño y la inexistencia del cuerpo, recipiente de todos los pecados y errores. En el otro extremo, y más cerca de la humanidad, estarían arcángeles y ángeles. Es con éstos últimos, con su aparente hermafroditismo, con su sensual humanidad, que yo he decidido reconciliarme. Y, aunque me siga aterrorizando la sola idea de vivir para siempre, siento alivio en saber que en los ángeles también puedo reconocer mi propia mortalidad.

domingo, 16 de septiembre de 2007

Sobre ángeles y otros demonios (cuarta parte)

Hay algunos ángeles que pueden tomar formas curiosas. En la fachada de la iglesia de San Agustín se encuentran a cuatro seres alados de rostro curioso. El primero es un ángel, con toda propiedad, pero de los otros no se puede asegurar nada: son un león, un toro y un águila. Esta suerte de bestialismo etéreo tiene su explicación en el tetramorfos apocalíptico, el ser fantástico que sostiene el trono de Dios, en la visión de Juan. Cada ser simboliza a un evangelista: Mateo, Marcos, Lucas y Juan mismo. Sin embargo, Luciano Andrade Marín nos hace notar la forma especialísima del águila, que parece que no sería tal, sino que más bien se trataría de un curiquingue, introducido subrepticiamente entre el resto. Los artistas quiteños hicieron así un homenaje a un ave americana, a despecho de las Escrituras.

Nuevamente en la Compañía, los mismos cuatro seres sostienen el púlpito de la iglesia, y sobre ellos, en el fuste de la columna que le sirve de sostén, conviven, en extraña armonía, querubines españoles e indígenas. Los americanos están intercalados entre los otros, pero destacan por sus frentes anchas, pómulos prominentes y labios gruesos. El cielo alcanza para todos.

sábado, 8 de septiembre de 2007

¿Por qué hago lo que hago? (pequeña digresión)

  • Porque vivo en una ciudad donde parece que olvidamos de dónde venimos y quiénes somos.
  • Porque no me considero un ciudadano de cuarta, en el mundo, a pesar de que las embajadas de países amigos y sus funcionarios consulares insistan en convencerme de aquello.
  • Porque ahora se ha puesto de moda ser "skin-head-mestizo-nacionalista", repitiendo una serie de slogans extranjeros, mientras se pone cara de asno cuando se les consulta sobre Don Pío Jaramillo Alvarado, o Don Benjamín Carrión, y sus propuestas de nación ecuatoriana.
  • Porque, a pesar de ser quiteño, yo sí creo en revalorar lo local para poder integrarnos en lo nacional.
  • Porque creo, también, en que hay que destruir varios mitos históricos que, cuando nos damos cuenta que no son nada más que eso, pulverizan nuestro orgullo...
  • Porque creo que el regionalismo no es más que intentar ver en el otro los errores que intuyo en mí (aún mantenemos la vieja práctica de longear a otros para que no te longeen a ti)
  • Porque no creo en un nacionalismo xenófobo, o racista. Creo en una nación orgullosa, porque conoce sus virtudes... y pecados.
  • Tampoco creo en encerrarme en mi país. La mejor forma de conocernos es conocer a los otros (siempre les digo a mis alumnos que la mejor cosa que pueden hacer es viajar, como locos)
  • En fin, porque creo que nuestro centro histórico no es Disneylandia, y que nuestra historia no debería enseñarse en pizarrones, cuando tenemos el aula más hermosa a nuestra disposición...

Dixit

sábado, 21 de julio de 2007

Sobre ángeles y otros demonios (tercera parte)

















Existe, también, una piedra en la fachada de la iglesia de San Ignacio de Loyola de la Compañía de Jesús, en la parte baja del extremo norte, fechada en 1765; en ella los jesuitas mencionan (con aparente agradecimiento) al rey Carlos III… quien, dos años después, los va a expulsar de todo el reino de España. Y frente a esta fachada, en las barbas mismas de uno de los principales homenajes a la gloria de la fe católica (y a la de los hijos de Loyola), se puede encontrar al pecado y la picardía. Pues sobre los marcos de las ventanas, en el segundo piso de la casa frontera, el observador hallará una serie de angelitos sentados en ellos. Pero hay uno muy especial: sobre la ventana de la esquina sur está sentado un niño que parece haber llegado con apuro, molesto por haber sido interrumpido en una práctica secreta y placentera; o talvez solo es un ángel precoz, un fornicador celestial, un recuerdo de que la inocencia también puede ser divertida. Cuando el curioso se coloca bajo este angelito descubre, con asombro, un enorme pene que se asoma entre sus piernas regordetas.

lunes, 16 de julio de 2007

Sobre ángeles y otros demonios (segunda parte)

Es que dicen que todo chagra, todo afuereño, que llega a esta ciudad se quiteñiza. Esto cuenta también para las cortes celestiales. Al realizarse está transformación el sujeto adquiere toda esa compleja maraña de sentimientos, actitudes y complejos del mestizo nacional. Hombres y mujeres contradictorios y conflictivos que conviven en una sociedad que aún presume de su mojigatería.
Si algo amo de Quito es esa ironía. Existe una calle en la Mariscal que lleva el nombre de un obispo que intentó moralizar a los habitantes de la Muy Noble Ciudad y, por supuesto, fracasó en el intento: el ilustrísimo señor doctor don José Calama. ¡Vayan a ver ustedes la calle que lleva su nombre! El eje de la diversión nocturna en el centro mismo del barrio de la Mariscal, posiblemente la calle más escandalosa y decadente de toda la ciudad. El pobre obispo debe estar en su tumba, revolcándose de la ira, por tan dudoso homenaje.

lunes, 9 de julio de 2007

Sobre ángeles y otros demonios (primera parte)

Siempre detesté a los ángeles, más aún en estás épocas de espiritualidad liviana, al alcance de temperamentos simples y tiempos cortos. La sola idea de eternidad siempre me ha aterrorizado, aunque sea vestido de blanco y con una lira en la mano. Sin embargo, he descubierto (con alivio) que estos seres no son tan solemnes como nos hacen creer, sino que entre ellos también existen los que se nos revelan humanos, con todos los defectos que ello conlleva. Supongo que ya se ha hablado, hasta el cansancio, sobre la aparatosa caída de Luzbel, el más bello de los ángeles; se ha discutido sobre el sexo, la forma y esparcimiento de estos seres celestiales; muchos aseguran hablar directamente con ellos o, por lo menos, verlos con cierta regularidad en algún rincón de la casa; y, finalmente, hay los que se enmascaran tras sus representantes más belicosos (los arcángeles) para justificar sus tendencias de odio y exclusión social.
Los ángeles de mi ciudad son una cosa curiosa. No porque se salgan del molde de lo que un ángel deba ser sino porque, de alguna manera, aprenden a ser únicos, sin dejar de pertenecer a las altas esferas del mundo espiritual. Son, pues, unos ángeles que más bien parecen chullas. Y, como quiteños que son, han aprendido a vivir de la apariencia: pueden parecer aunque, en verdad, no sean.