
La primera razón que se me ocurre es laboral: es desesperante tratar de hacer una ruta nocturna, por el centro histórico, en medio del escándalo de los que únicamente quieren emborracharse. Así que prefiero no hacerlo. Es triste que a casi nadie le interese conocer sobre la ciudad, en las fiestas de la ciudad.
Entonces, para exorcizar mis demonios, acá les mando mis lista de razones de porqué detesto las fiestas de Quito:
1) Las borracheras: y esta no es una posición moralista, pero odio tener que caminar por calles asfaltadas de borrachos. Tampoco me preocupa su salud ¡que se revienten el higado si les da la gana! El problema es que quiteño con trago saca todas sus represiones y se vuelve hijo de tarzán...
2) Las reinitas: ¿han notado que ninguna reina de Quito es llaminguita guapa? ¡Todas son rubias o, por lo menos, blanquitas! ¿Dónde viven esas quiteñas? ¿Dónde las esconden?
3) Las chivas: ¡las oooooooodioooooo! Un montón de gente trepada en estos buses, pegándose el canelazo y bajándose a bailar en las plazas del centro... ¿qué han aprendido de la ciudad? Nada ¿Dónde está la loma grande? ¿y la guaragua? ¿y la guaragua? ¿y la guaragua?
4) Los toros: y, por favor, no soy ambientalista... que también me cabrean porque (como todo idealista) creen que poseen la verdad y (por tanto) TIENEN que imponerla al resto. Pero, los taurománticos salen con cada cosa. Defienden su fiesta a capa y espada esgrimiendo la razón más ridícula de todas: que es parte de nuestra cultura... Puede ser, pero estos manes solo cultivan, aman, respetan e imponen ESA ÚNICA PARTE. ¿Diez días hacen la quiteñidad? No creo. Aparte que me parece patético ir a la plaza a llorar por lo hispanos que nunca hemos sido, a ponerse ropita española e ir luego a un tablao; casi tan patético como los que van a España y vuelven ceceando a los dos meses. Lean a Gaspar de Villaroel (s. XVI y XVII): es el primero que llega a España, a darse cuenta que ya nos veían como "indianos"; y también el primer antitaurino de nuestra literatura: pide se prohiban las corridas, por considerarlas diversiones poco cristianas...
Entonces... ¿por qué no me gustan estas fiestas? Porque sacan lo peor de nosotros: nuestro complejo inveterado de ser mestizos, con aires de español... porque es más fácil festejar una fiesta cualquiera (ya está demostrado que esta no es la fecha de la fundación de Almagro) que reflexionar seriamente sobre quiénes somos... porque festejamos, cada año, que Quito haya sido arrasada hasta sus cimientos... bailamos sobre nuestros muertos y bailamos flamenco (¡olé!), y tecnobasura, reggaeton, bachata y más mierdas como esas... si quieren emborracharse, hay pretextos más chéveres que este...
¿Qué nos queda de quiteñidad en estas fiestas? Solo la guaragua, y la guaragua, y la guaragua...
Dixi








