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viernes, 14 de enero de 2011

Pingullero

El pingullo lleva el sonido de los Andes, la pertenencia a la tierra, el suspiro de los abuelos. Pingulleros quedan pocos, pero quedan. Por suerte, algunos jóvenes siguen aprendiendo el arte de los abuelos. En las fiestas, los mamacos, los mamitas, los músicos mamas luchan a pérdida contra la ensordecedora música de las bandas o los discomóviles. Allí se quedan, en el centro del círculo de yumbos, danzantes, rucos, aruchicos, carishinas o archidonas tocando para ellos mismos, escuchando como el corazón se les acompasa en el tambor.

Hay quien dice que la música ancestral es un lamento, hay quien la desprecia por triste. No han escuchado cantar un pingullo, como hervor de sangre, como llamado a la vida, como un estremecimiento de la piel… es como si todo lo que ocultásemos detrás de nuestro disfraz de occidentales y cristianos se rebelara en un grito secreto.



La mayoría de mamacos tienen la edad grabada en las arrugas, en los rostros que nos recuerdan que nuestros abuelos se veían así, curtidos por el viento del páramo, de carnes sólidas y huesos frágiles. Silenciosos y permanentes como los nevados que los vieron nacer.

Estas melodías son como un golpe certero en la memoria, que nos remueven en lugares tan profundos que no atinamos a señalar la razón del azoramiento. Yupaichishkas convertidos en loas marianas:

Salve, salve Gran Señora,
salve Poderosa Madre,
salve Emperatriz del Cielo,
Hija del Eterno Padre.

lunes, 2 de agosto de 2010

Jacinto Collahuazo

Fue mágico y atemorizante.

Estar ahí, en el lugar que tanto tiene de ti y que tanto tiene de mí. Jacinto, mi Jacinto, volvía a la ciudad en la que nació y que, curiosamente, pisaba por vez primera. Aunque tampoco sé si decir "pisaba" sería lo correcto porque, al final, soy yo quien le presta los pies. Así que convengamos en decir que allí estábamos ambos.
Toa nos llevó a Otavalo porque quería que todos vean a su novio Jacinto. Y hacia allá fuimos. Apenas llegamos, empezó a llover. El escenario estaba construido en mitad de un patio, en el Ayllu Wasi, y era imposible armar el espectáculo. Así que nos pidieron que ofrendemos un par de copitas de puro a la pachamamita, para que no nos tratase mal durante la presentación.
Y así fue: de repente el cielo se abrió y nos fue permitido subir a escena.

¡Qué duro es decir ciertos textos en ciertos contextos! Gaspar de Mogrovejo estaba contando sobre las dificultades de estudiar en la universidad colonial, sobre los juramentos de pureza de sangre: ...hay que jurar, ante Dios y por escrito, que en la familia de uno nunca, jamás, se han mezclado con moros, judíos, negros... y, repentinamente, un nudo en la garganta, una desazón y un no saber qué hacer... ¿Cómo decirlo frente a un público así? ¿Cómo confrontar la propia realidad del actor, descendiente de indígenas que se blanquearon? Un silencio que se extiende hasta lo insostenible da paso al texto que, como nunca, pesó demasiado: ...ni indios.

Pero en el instante en que saliste al escenario, Jacinto, todo cambió. Decidiste hablar en runa shimi, en kichwa... primero fue el asombro y, luego, la risa abierta. ¿Sería que hablabas con acento? ¿O que solo entonces te convertiste, por fin, en un otro independiente? Porque fue cuando decidiste valerte por ti mismo, y contaste y bailaste y reíste como jamás antes lo habías hecho.

Luego de la función me di cuenta que, como un padre que observa a su hijo llegar a la mayoría de edad, empezaba a mirarte con respeto.

sábado, 25 de abril de 2009

El machete rabioso cayó bajo la hoja de su propia ley...

El Marcelito Villa ha hecho circular este video... está bacán... otra generación puética que, como algunos panas, no existe ya... pero que nos llenó con su presencia. Un saludo para todos los panas del Machete... y gracias por tomar en cuenta a su sevilleta...

jueves, 9 de abril de 2009

Las puertas del infierno (o Madrid en Semana Santa)

Hoy vi a los hijos de los vencedores festejar con todos sus símbolos: cristos, vírgenes y banderas patrias.



Pero también vi a un grupito de nietos de vencidos caricaturizando, hasta la blasfemia, el camino al calvario: disfrazados de romanos y arquitectas sexis, golpeaban a un cristo bufo por la ronda de Atocha, mientras pedían plata a la gente.
Hoy caminé por Lavapiés, antigua judería, barrio tradicionalísimo y, actualmente, barrio de inmigrantes. Allí está el verdero espíritu de esta ciudad y no en los lavadísimos edificios de la Castellana.
Vi ahí mi primera casa okupa.
Vi también a la policía y a los paramédicos, llevándose a un viejo mendigo, que murió al sol de una plaza.
Me ofrecieron coca, hash, marihuana.
Por primera vez, sentí claustrofobia urbana, para donde caminara encontraba multitudes que esperaban la procesión: desde católicos observantes, hasta turístas odiosos... no sé a quienes soporto menos...
Y, como gran final, casi al llegar a mi casa, encontré esta joyita en el metro:



Hoy entendí esa frase, acuñada por esos lúnaticos vividores (bellos como ángeles fieros) de la movida madrileña: Madrid me mata...

lunes, 9 de marzo de 2009

A.C. in memoriam...

Al final de todo solo queda el silencio. Imperturbable desde el origen de las cosas.
Este blog, y su autor, hacen un homenaje al amigo, al funámbulo y al prestidigitador. Al lector insaciable de libros de caballerías y literatura medieval. Al señor conde de Krutoy, a Crestnor Datsá, al compañero de esa aventura desmesurada que fue la revista Ourovourus.
De ese "monstruo de la naturaleza", solo me queda el recuerdo de sus dedos acercándose amenazadoramente a mis cachetes, para aprisionarlos entre ellos, como si fueran una tenaza, y saludarme con su conocidísimo: "ñigo, ñigo, ñigo..." o su muy irreverente "soy un poeta radical, con un tatuaje tribal..." con el que me hacía morir de iras. Nos quedan también algunos textos dispersos que dan cuenta del que fue un poderosísimo intelecto...
Ahora es uno más de la ya larga lista de queridos amigos que decidieron salir de esta vida por sus propios pies... y él nos ganó la partida final, pues -tal cómo lo planeábamos en nuestras interminables borracheras (aunque él era por demás sobrio)- conseguirá permanecer adolescente por siempre... mientras que al resto no nos queda otra cosa que vivir este simulacro...
Eso es lo que resta... y para nosotros, los vivos, los que sentimos esa pérdida como una mutilación, como un suave dolor que corre por el cuerpo... un abrazo desde acá...

Breve actualización: me han hecho llegar la dirección del blog donde está la última carta de mi amigo. Creo que es un texto inteligente, sereno y estético. A mí me reconforta leerlo. El pana jamás dejó de ser quién siempre fue. Y eso se respeta mucho...
Nueva actualización: he encontrado varios homenajes para Andrés... lo que da cuenta del hermoso ser humano que es, porque está allí, en la memoria y el cariño de los que lo conocieron... pueden verlo aquí, aquí y aquí...

miércoles, 15 de octubre de 2008

Don Alfredito

Las ciudades no serían nada sin los personajes que las habitan. Para mí es un honor conocer a algunos. Y quisiera hacer un peque homenaje, en mi blog, a una de las personas que más ha inspirado mi trabajo: el doctor Alfredo Costales. Es casi el abuelito sabio en Quito Eterno. Junto a su esposa, Piedad, a quien no tuvimos el honor de conocer, ha realizado un enorme trabajo de estudio y reflexión respecto a nuestra parte de ecuatorianidad que menos nos ha interesado conocer, por racismo y complejo: las culturas anteriores al incario. Desde la genealogía, o la lingüística, y viviendo media vida entre los archivos históricos del país, ha logrado construirnos una idea un poco más clara de esos orígenes...
Fuera de cualquier discusión que exista respecto a su forma de entender el pasado, Don Alfredo es un ejemplo de intelectual y de ecuatoriano... fuera de estupideces como himnos, escudos (¡el cuy en nuestro sagrado símbolo!), o banderitas, o soldaditos y guerritas...
Pues nada, ojalá algún día se pueda homenajear a este gran hombre con nuestro trabajo...



¡Ah! Y, porsiaca, el mural que está detrás fue pintado, en parte, por Diógenes Paredes...¡acho!