jueves, 9 de abril de 2009

Las puertas del infierno (o Madrid en Semana Santa)

Hoy vi a los hijos de los vencedores festejar con todos sus símbolos: cristos, vírgenes y banderas patrias.



Pero también vi a un grupito de nietos de vencidos caricaturizando, hasta la blasfemia, el camino al calvario: disfrazados de romanos y arquitectas sexis, golpeaban a un cristo bufo por la ronda de Atocha, mientras pedían plata a la gente.
Hoy caminé por Lavapiés, antigua judería, barrio tradicionalísimo y, actualmente, barrio de inmigrantes. Allí está el verdero espíritu de esta ciudad y no en los lavadísimos edificios de la Castellana.
Vi ahí mi primera casa okupa.
Vi también a la policía y a los paramédicos, llevándose a un viejo mendigo, que murió al sol de una plaza.
Me ofrecieron coca, hash, marihuana.
Por primera vez, sentí claustrofobia urbana, para donde caminara encontraba multitudes que esperaban la procesión: desde católicos observantes, hasta turístas odiosos... no sé a quienes soporto menos...
Y, como gran final, casi al llegar a mi casa, encontré esta joyita en el metro:



Hoy entendí esa frase, acuñada por esos lúnaticos vividores (bellos como ángeles fieros) de la movida madrileña: Madrid me mata...

sábado, 4 de abril de 2009

Vuelvo

Vuelvo luego del estupor, la tristeza y el silencio respetuoso ante una de las pocas muertes que tiene sentido.
Vuelvo en medio de la vorágine de una tesis que (¡horrible destino!) es una de las pocas cosas que da sentido a mi vida, por ahora.
Vuelvo también para intentar exorcizar, en algo, esta nostalgia inmensa por Quito... intentando caminarla con mis palabras... habitarlo desde mi melancolía... construirlo desde mi discurso... por eso cuento los días que me separan de ella, de volver a hacer mis rutas, de contarle a la gente por qué amo a esa ciudad... Aunque las instituciones oficiales no nos paren bola... aunque prefieran siempre aceptar proyectos de grupitos de artistas de tele para crear personajes tradicionales... aunque no tengan idea de nada...
Vuelvo porque estoy mamado de escuchar a mis coterráneos acá despotricar contra un país que algo les habrá dado, porque estoy harto de ver a la gente deslumbrada por el dinero... y unas cuantas ruinitas... y vuelvo porque creo que allá está todo por hacer...
Vuelvo al país de los colibríes... con más ganas de hacer cosas, de armar proyectos, de cumplir sueños...

domingo, 22 de marzo de 2009

Ofelia city (una más)

La mañana se ha roto en miles de pájaros funestos. Todo se va cubriendo de alas que se baten, de plumas, de guano brillante. En las plazas es imposible caminar entre tantos pichones que devoran la basura. La ciudad es un espejismo de proyectos urbanísticos y pasos elevados. Pero he dicho que la mañana se ha roto en mil pedacitos de color acerado. Pareciera que nunca se hubiese hecho la luz. Las luminarias de la calle aún permanecen encendidas y los borrachos de la madrugada aún se obstinan en beber sus nostalgias.

Sentado en la acera, solo, en medio de una tormenta, recuerdo a todos los que compartieron su infancia conmigo. Hace poco encontré al Funda. Lo vi mucho mejor. Fue desintoxicado por una secta evangélica y lo han convertido en un pelele que solo atina a recitar versículos. Pero lo mantienen con vida. Cuando intentó convencerme de que jehová tenía un plan específico para mí, le di un enorme abrazo y me marché. No soporto ver lo que la vida ha hecho con aquellos a quienes quise. Lo que ha hecho conmigo, también. Es una broma gigantesca.

¿Qué me queda? Esta ciudad, una crónica de vidas que se construye, destruye y restituye hasta el infinito. Un monstruo de concreto y asfalto que se va expandiendo por los valles que, hace mucho, fueron verdes y generosos. El paisaje se va llenando de grandes depósitos industriales, y chimeneas, y autopistas cada vez más rápidas. Y aquí me quedo yo, anacrónico, como único vestigio de un tiempo que está comenzando a irse. Es divertido constatar que hablas en un lenguaje que los más jóvenes ya consideran pasado de moda. Muchas cosas que recuerdo con cariño, son completamente desconocidas para ellos. Alguna vez, un adolescente punk me encontró por la calle, escuchando a los pistols en mi ipod.

- Oye, ¿qué escuchas?
- Punk.

Primero fue el gesto de incredulidad, y luego la satisfacción de saber que teníamos algo en común.

- ¿Qué grupo?
- Sex Pistols.
- (…)
- ¿Nunca los has escuchado?

Misericordiosamente, le paso los audífonos. Los toma con curiosidad y escucha atentamente. Luego hace una mueca irónica y me los devuelve.

- ¡Suenan muy viejos!

lunes, 9 de marzo de 2009

A.C. in memoriam...

Al final de todo solo queda el silencio. Imperturbable desde el origen de las cosas.
Este blog, y su autor, hacen un homenaje al amigo, al funámbulo y al prestidigitador. Al lector insaciable de libros de caballerías y literatura medieval. Al señor conde de Krutoy, a Crestnor Datsá, al compañero de esa aventura desmesurada que fue la revista Ourovourus.
De ese "monstruo de la naturaleza", solo me queda el recuerdo de sus dedos acercándose amenazadoramente a mis cachetes, para aprisionarlos entre ellos, como si fueran una tenaza, y saludarme con su conocidísimo: "ñigo, ñigo, ñigo..." o su muy irreverente "soy un poeta radical, con un tatuaje tribal..." con el que me hacía morir de iras. Nos quedan también algunos textos dispersos que dan cuenta del que fue un poderosísimo intelecto...
Ahora es uno más de la ya larga lista de queridos amigos que decidieron salir de esta vida por sus propios pies... y él nos ganó la partida final, pues -tal cómo lo planeábamos en nuestras interminables borracheras (aunque él era por demás sobrio)- conseguirá permanecer adolescente por siempre... mientras que al resto no nos queda otra cosa que vivir este simulacro...
Eso es lo que resta... y para nosotros, los vivos, los que sentimos esa pérdida como una mutilación, como un suave dolor que corre por el cuerpo... un abrazo desde acá...

Breve actualización: me han hecho llegar la dirección del blog donde está la última carta de mi amigo. Creo que es un texto inteligente, sereno y estético. A mí me reconforta leerlo. El pana jamás dejó de ser quién siempre fue. Y eso se respeta mucho...
Nueva actualización: he encontrado varios homenajes para Andrés... lo que da cuenta del hermoso ser humano que es, porque está allí, en la memoria y el cariño de los que lo conocieron... pueden verlo aquí, aquí y aquí...

martes, 3 de marzo de 2009

Malinchismo

Siempre me ha seducido este concepto tan mexicano. Y a pesar de que Octavio Paz y Carlos Fuentes ya lo han reflexionado, yo me atrevo también a hacerlo. Muchos historiadores ya han redimido la imagen de doña Marina, como la de una mujer de su época, como hija noble de un pueblo sometido, atrapada en el enfrentamiento de dos imperios... pero el concepto de malinchismo sigue vigente. Yo lo entiendo como una actitud frente al otro, al foráneo. Como una forma colonialista de relacionarse con el mundo. Y así como parte del mundo "occidental", europeo y norteamericano, mantiene una visión de "conquistador civilizado" que tiene que expandir su verdad, a sangre y fuego, muchos de nosotros mantenemos una actitud de "buenos salvajes".
Empezaría por ese "nosotros" que, sospecho, utiliza perversamente el "nosotros" excluyente del quichua. Muchas veces he escuchado, en mi país, algo como: "es que así somos nosotros, por eso seguimos siendo tercermundistas", seguido de un profundo suspiro. Ese "nosotros" evidentemente implica un "yo me excluyo, pero digo nosotros para no sonar tan mal". Si esto ya me saca de casillas, es peor escuchar el "es que en Europa (o Estados Unidos) no es así". ¡Acabáramos! es cuando me dan unas ganas de darme la vuelta y decirle "entonces vaya usted para allá y viva feliz entre sus iguales".
Siglos y siglos de convencernos de que somos menos que el resto ha hecho sus estragos: familias que se entregan con pasión al "gringuito" o "gringuita" que uno de sus vástagos ha logrado cazar y casar, "para mejorar la raza"; operaciones de nariz de nuestros connacionales en Europa, para verse más "bonitos". Incluso hay quien aconseja que es mejor presentarse como colombiano, o mexicano, o cubano, o lo que sea... menos como ecuatoriano, "para ligarse chicas".
Y la culpa está, completamente, en nosotros. Yo, por lo menos, ya estoy harto de escuchar a un montón de gente despotricar contra la llacta, deslumbrados por Europa. Y no se puede negar que acá algunas cosas están mejor. Pero de ahí a idealizarlo todo... acá también hay pobreza, acá también hay problemas... si uno ha decidido quedarse acá, pues tiene todo el derecho... pero echar mierda sobre su país, eso no me parece justo...
Releo la entrada, y me doy cuenta que va evolucionando hacia un hate blog... pero ya nada...
Me molesta también otro grupo de navegantes de internet... adolescentes hijos de emigrantes que saturan de comentarios racistas el you tube, o los blogs. Uno busca a... Segundo Rosero, por ejemplo, y por allí salta un comentario: "son indios susios, por eso son así, feos..." uno abre el perfil y es alguien que invariablemente vive en España o Estados Unidos. ¿Los culpo a ellos? Para nada... son el resultado de siglos de acomplejamiento y que aún responden a la vieja máxima de "longuéalos para que no te longuéen a ti".

jueves, 26 de febrero de 2009

Francis Bacon

Para los que aún creen que el arte tiene que ver con lo bello, lo bueno y lo virtuoso.
Para los que creen que es una buena táctica avanzada de apareamiento.
Para quienes el arte les tiene que contar cosas.
Y para los artistas "loquitos", que piensan que fumándose todos los porros del mundo, y bebiendo como benditos (excluyo de aquí a mi pana el Ebrio, que es ebrio primero... y poeta después...), y sufriendo mucho al calor de su café, en su cafetería intelectualoide, escribiendo puemas para conquistar a peladitas tan insulsas como ellos...

No les recomiendo a Francis Bacon.

De lo contrario le va a pasar lo que a muchos en el Prado... el choque brutal que implicó encontrarse con una obra tan dura, tan cruda... Hubo gente sincera, como las viejitas que despotricaban contra la muestra:

- No me gustó para nada.
- Pero... yo pensé que era algo distinto... es tan famoso...
- Pero es un horror, parece carne muerta.



Ellas, sin saberlo, llegaron al fondo de esta obra. Más que los pedantes que, para no quedar mal, salen con cosas como "¡magnífico!" "¡qué estilo!" u otras palabras tan huecas como esas. Porque sí, acá pasa igual que allá... el arte está desarticulado trágicamente de su público...

Ver una muestra tan completa de mi pintor favorito, con pequeñas muestras de cada una de sus etapas pictóricas, fue demasiado intenso. Poder observar de cerquita el trabajo minucioso de cada cuadro, los diferentes experimentos para lograr esos efectos tan brutales con los óleos (en un solo cuadro se podían ver cuatro o cinco maneras distintas de colocarlo en el lienzo). Contemplar las obsesiones del artista: perros, seres de rostros desmembrados, su gusto casi morboso por bocas y colmillos, hombres en penumbra, rostros que parecen barridos por una enfermedad repugnante, carne, grasa, cartílago... y el cuadro del papa Inocencio X, de Velásquez, que va a versionar durante décadas...



todo estaba allí... su paso de colores básicos, planos, brillantes (naranjas, rojos y amarillos), a los fríos verdes y azules oscuros... para terminar en esa suerte de colorido pop, de los últimos retratos. Su pasión por el cuerpo en movimiento, por la crueldad de la época que le tocó vivir.

Bacon es el pintor de una época en que ser pintor estaba dejando de estar de moda.
Bacon es el cronista de una civilización deshumanizada y cruel.
Bacon es el narrador horrorizado de la fragilidad humana, pues debajo de nuestros perfumes, y la ropa, y los títulos, y los nacionalismos... estamos nosotros...

los animalitos en la mesa de disección...

martes, 24 de febrero de 2009

El camino de Santiago

Compostela es piedra y silencio. Mientras caminaba por las callejas estrechas intentaba imaginar el número inacabable de peregrinos que han atravesado Europa (y la Mar Océano) para llegar aquí. Justo aquí. Ahora soy yo quien llega a la fachada de la Catedral. Pero no busco los huesos del Apóstol, ni es mi interés fotografiarme abrazado a la escultura de Santiago. Como el personaje del cuento de Alejo Carpentier vengo a encontrarme conmigo. Alguien me cuenta de la tradición respecto a cierta torre, rematada por una forma piramidal: su semejanza con las construcciones mayas, aztecas o quechuas hace creer a algunos que fue construida como un faro que iluminaría la evangelización de las Indias Occidentales.
Santiago es una figura muy interesante. Patrón de España, dio su nombre a un montón de ciudades americanas con el apellido local... ciudades mestizas, al fin y al cabo: Sanitago de Cuba, Santiago de Chile, Santiago de Quito (esa ciudad primigenia que nos une para siempre: el apellido se quedó en la sierra, con el nombre de San Francisco de Quito; el nombre se asentó junto al río, en la costa, y tomó un nuevo apellido local: Guayaquil.)
Santiago tembién es el patrón militar de los españoles. ¡Santiago y cierra España! ¡Santiago y a ellos! Esta figura me parece menos loable, durante mucho tiempo fue el símbolo del odio: Santiago Mata-moros es una iconografía muy representada en ambos lados del océano (pueden hallar un cuadro en el convento de San Francisco, en Quito). Pero en la Catedral del Cuzco hay un cuadro similar, solo que bajo los cascos del caballo de Santiago no hay moros... sino huestes imperiales: Santiago mata-incas. Y en el museo de arte republicano del Banco Central del Ecuador se halla uno más curioso todavía: los enemigos están vestidos de granaderos independentistas: Santiago mata-patriotas.
Compostela no deja de sorprenderme. Aunque el grupo escultórico que vine a ver, el pórtico de la Gloria (s. XIII), estuviese en restauración y completamente cubierto por plásticos.

Pongo esta foto... de puro picado...

Mientras visito el claustro principal se me acerca un sacerdote, bastante mayor.

- ¿De dónde es usted? ¿De latinoamérica?
- Sí, vengo de Ecuador.
- ¿De qué parte?
- De Quito...

De pronto, sus ojos se iluminan "¿De Quito? ¡Yo conozco esa ciudad!" Y luego me explica que estuvo allí, en una exposición sobre Santiago en el arte latinoamericano. Conoce mucho de la ciudad y se sorprende de que yo conozca también algo de ella. Le menciono que vi en la biblioteca arzobispal una edición princeps del "Gobierno Eclesiástico-Pacífico", de Gaspar de Villaroel (obispo quiteño). Él me comenta, con orgullo, que también poseen una copia del "Itinerario de párrocos", de Alonso de la Peña y Montenegro, décimo primer obispo de Quito, oriundo de Padrón... y me cuenta que el pueblo está muy cerca de allí, que se conserva la casa que levantó el obispo, y la tumba que nunca ocupó... que la gente aún lo llama "capilla del obispo de Quito".
Mientras conversamos me lleva a los archivos, me muestra algunos manuscritos y, finalmente, me regala un par de publicaciones históricas de la Catedral. Yo me siento honradísimo de su conocimiento de mi ciudad y de su aprecio por ella. Menciona la Compañía y San Francisco...

Nuevamente en la plaza, recuerdo el cuento de Carpentier. Justo allí, Juan el indiano, luego de su largísimo viaje por el Nuevo Mundo, se reencuentra con Juan romero, su otro más joven y sin toda esa experiencia de vida. Yo me hallo nuevamente aquí, más viejo y con algo más de experiencia... detrás de las chimeneas de Santiago de Compostela intento descubrir los Andes milenarios...

Arriba, es el Campo Estrellado, blanco de galaxias.
Alejo Carpentier