martes, 24 de febrero de 2009

El camino de Santiago

Compostela es piedra y silencio. Mientras caminaba por las callejas estrechas intentaba imaginar el número inacabable de peregrinos que han atravesado Europa (y la Mar Océano) para llegar aquí. Justo aquí. Ahora soy yo quien llega a la fachada de la Catedral. Pero no busco los huesos del Apóstol, ni es mi interés fotografiarme abrazado a la escultura de Santiago. Como el personaje del cuento de Alejo Carpentier vengo a encontrarme conmigo. Alguien me cuenta de la tradición respecto a cierta torre, rematada por una forma piramidal: su semejanza con las construcciones mayas, aztecas o quechuas hace creer a algunos que fue construida como un faro que iluminaría la evangelización de las Indias Occidentales.
Santiago es una figura muy interesante. Patrón de España, dio su nombre a un montón de ciudades americanas con el apellido local... ciudades mestizas, al fin y al cabo: Sanitago de Cuba, Santiago de Chile, Santiago de Quito (esa ciudad primigenia que nos une para siempre: el apellido se quedó en la sierra, con el nombre de San Francisco de Quito; el nombre se asentó junto al río, en la costa, y tomó un nuevo apellido local: Guayaquil.)
Santiago tembién es el patrón militar de los españoles. ¡Santiago y cierra España! ¡Santiago y a ellos! Esta figura me parece menos loable, durante mucho tiempo fue el símbolo del odio: Santiago Mata-moros es una iconografía muy representada en ambos lados del océano (pueden hallar un cuadro en el convento de San Francisco, en Quito). Pero en la Catedral del Cuzco hay un cuadro similar, solo que bajo los cascos del caballo de Santiago no hay moros... sino huestes imperiales: Santiago mata-incas. Y en el museo de arte republicano del Banco Central del Ecuador se halla uno más curioso todavía: los enemigos están vestidos de granaderos independentistas: Santiago mata-patriotas.
Compostela no deja de sorprenderme. Aunque el grupo escultórico que vine a ver, el pórtico de la Gloria (s. XIII), estuviese en restauración y completamente cubierto por plásticos.

Pongo esta foto... de puro picado...

Mientras visito el claustro principal se me acerca un sacerdote, bastante mayor.

- ¿De dónde es usted? ¿De latinoamérica?
- Sí, vengo de Ecuador.
- ¿De qué parte?
- De Quito...

De pronto, sus ojos se iluminan "¿De Quito? ¡Yo conozco esa ciudad!" Y luego me explica que estuvo allí, en una exposición sobre Santiago en el arte latinoamericano. Conoce mucho de la ciudad y se sorprende de que yo conozca también algo de ella. Le menciono que vi en la biblioteca arzobispal una edición princeps del "Gobierno Eclesiástico-Pacífico", de Gaspar de Villaroel (obispo quiteño). Él me comenta, con orgullo, que también poseen una copia del "Itinerario de párrocos", de Alonso de la Peña y Montenegro, décimo primer obispo de Quito, oriundo de Padrón... y me cuenta que el pueblo está muy cerca de allí, que se conserva la casa que levantó el obispo, y la tumba que nunca ocupó... que la gente aún lo llama "capilla del obispo de Quito".
Mientras conversamos me lleva a los archivos, me muestra algunos manuscritos y, finalmente, me regala un par de publicaciones históricas de la Catedral. Yo me siento honradísimo de su conocimiento de mi ciudad y de su aprecio por ella. Menciona la Compañía y San Francisco...

Nuevamente en la plaza, recuerdo el cuento de Carpentier. Justo allí, Juan el indiano, luego de su largísimo viaje por el Nuevo Mundo, se reencuentra con Juan romero, su otro más joven y sin toda esa experiencia de vida. Yo me hallo nuevamente aquí, más viejo y con algo más de experiencia... detrás de las chimeneas de Santiago de Compostela intento descubrir los Andes milenarios...

Arriba, es el Campo Estrellado, blanco de galaxias.
Alejo Carpentier

5 comentarios:

Pablo Boada dijo...

Me quejaba, al empezar a leer, de que no te gusten las fotos, especialmente al hacer un periplo como el que cuentas. Pero después de leerte, pienso que la riqueza de la descripción a veces se relega detrás de la foto. Ya quiero ir a Santiago.

Víctor dijo...

Taita: Evidéntemente nos forzaron a estar juntos dentro de lo que inventaron absúrdamente como ya he dicho: "El Ecuador", éramos pocas ciudades pero si dos departamentos independientes Guayaquil y Quito.

El odio a los Peruanos me parece incluso edificante en todo sentido, son de esos valores que hay que inculcarles a nuestros hijos siempre, no te confundas por favor que yo no odio a los Quiteños, no podría hacerlo ya que tengo sangre Quiteña en mis venas por mi abuelo paterno, tengo además primos Quiteños a los cuales aprecio muchísimo y mi tío político es de esos pocos Quiteñísimos de cepa que gracias a su cultura, educación y conocimientos me hace olvidar muchas cosas y resentimientos hacia la capital y su gente.

¿Como voy a odiar a nuestros aliados?, el problema es que se tergiversó el asunto, nos olvidamos de la historia y llegamos a pensar que el Ecuador siempre exsistió y no es así.

Guayaquil no ha debido ser tratado como siempre se lo ha tratado, es decir: un apéndice o parásito del Ecuador (odios evidenciados y salidos a la luz por Correa); cuando es por Guayaquil que este país se ha mantenido económicamente gracias a las tributaciones de sus empresas y a nuestros impuestos.

Duele además que muchos "Quiteños burócratas" se engorden a punta de nuestras tributaciones mientras nos tratan como sus esclavos.

Como ya te expliqué, si conozco la esencia del verdadero Quiteño, ese que nos enseñaron en los libros en las escuelas, lo he visto infinidad de veces en mi tío político, ya que el sujeto exuda responsabilidad, educación, buenos modales, caballerosidad y por sobre todo grandes conocimientos e inteligencia, lamentáblemente de esos Quiteños hay muy pocos a mi parecer, conozco con la palma de mi mano Quiteños libertarios que saben lo que les conviene y saben que el centralismo definitívamente no les conviene, principalmente por que laceralas libertades individuales de todo este país.

¿Por que separarse?, R: Por que ya esta bueno... ya mucho de todo esto, estamos cansados y agotados; el Quiteño déspota, burócrata, gordo, malcriado, que le pega a su mujer, prepotente, envidioso de todo, pedante, jactancioso, acomplejado, odiador, que tienen asco de todo, egoista, mezquino, metalizado, humillador, vago, ocioso, vulgar, nos tiene ya profúndamente cansados, ese tipo de Quiteño no sale a la luz, no hace política, pero existe y tu lo sabes muy bien, está allí en las mas altas esferas del Estado.

He tenido la desgracia de toparme con unos cuantos de ellos y verdaderamente exudan enfermedad espiritual, es por ellos, que según Ustedes son una minoria y según otros (Cuencanos) son una mayoría, yo no se si serán pocos o muchos pero son ellos los que dominan la burocracia y son los que nos tienen enfermos a todos, por que en su egoísmo solo se preocupan por su dinero y les importa un bledo el bienestar de los demás.

Reconozco y que te quede bien claro, que la esencia del Quiteño nato es la educación y la amplia cultura que tienen, porque conozco si, a esos Quiteños que si llegaran al poder todo sería distinto, pero lamentablemente solo llegan al poder lo peor que tienen y lo peor que los representa.

Ya no es nuestra culpa...

¡Ya basta de todo esto!, ¡hasta cuando!

Respuesta a tu comentario en: El Ecuador no existe | Olmedo, Bolivar y la actualidad

Víctor dijo...

Actualicé mínimamente el comentario en el post original, para corregir faltas ortográficas y otra cosa, es que Blogger no tiene sistema de edición así que borre y volví a comentar, recomiendo revisar el comentario final en dicho post.

Víctor.

taita pendejadas dijo...

Victor:

Agradezco tu respuesta y, aunque sigo en desacuerdo con mucho, muchísimo, de lo que has dicho, me conforta saber de tus nexos más... digamos... ¿humanos? con este problema.

CARLA BADILLO CORONADO dijo...

Taita:

Después de arderme la vista a leer tanta estupidez y resentimiento por arriba, paso a decirte que sin buscarte he caído en tu blog, y me alegro, pues he encontrado contenidos interesantes, me he detenido sobretodo en este post, que da cuenta de tu viaje por España, hace poco yo también hice un recorrido que me llevó mochila al hombro por diversos lugares, y de vez en cuando suelo colgar alguna (ana) crónica de viaje. Desde mis periplos por el desierto de Sonora, Arizona, L.A, mis experiencias con navajos, lakotas y apaches en nuevo méxico, desde luego mi querido San Francisco, entre poetas e hijos salvajes de withman, colorado... y luego a saltar el charco para seguir con españa, portugal y roma...en fin, ahora estoy en kitu, el lugar de mi eterno retorno. Si deseas puedes pasarte por mi tierra, no necesitas golpear la puerta.

Abrazo andino,
Carla.