martes, 2 de diciembre de 2008

y la guaragua...

Como buen quiteño, huyo de la ciudad durante las fiestas. A riesgo de que me llamen amargado, aguafiestas o estresado, lo digo sin ningún remilgo: me apestan las fiestas de Quito.



La primera razón que se me ocurre es laboral: es desesperante tratar de hacer una ruta nocturna, por el centro histórico, en medio del escándalo de los que únicamente quieren emborracharse. Así que prefiero no hacerlo. Es triste que a casi nadie le interese conocer sobre la ciudad, en las fiestas de la ciudad.

Entonces, para exorcizar mis demonios, acá les mando mis lista de razones de porqué detesto las fiestas de Quito:

1) Las borracheras: y esta no es una posición moralista, pero odio tener que caminar por calles asfaltadas de borrachos. Tampoco me preocupa su salud ¡que se revienten el higado si les da la gana! El problema es que quiteño con trago saca todas sus represiones y se vuelve hijo de tarzán...

2) Las reinitas: ¿han notado que ninguna reina de Quito es llaminguita guapa? ¡Todas son rubias o, por lo menos, blanquitas! ¿Dónde viven esas quiteñas? ¿Dónde las esconden?

3) Las chivas: ¡las oooooooodioooooo! Un montón de gente trepada en estos buses, pegándose el canelazo y bajándose a bailar en las plazas del centro... ¿qué han aprendido de la ciudad? Nada ¿Dónde está la loma grande? ¿y la guaragua? ¿y la guaragua? ¿y la guaragua?

4) Los toros: y, por favor, no soy ambientalista... que también me cabrean porque (como todo idealista) creen que poseen la verdad y (por tanto) TIENEN que imponerla al resto. Pero, los taurománticos salen con cada cosa. Defienden su fiesta a capa y espada esgrimiendo la razón más ridícula de todas: que es parte de nuestra cultura... Puede ser, pero estos manes solo cultivan, aman, respetan e imponen ESA ÚNICA PARTE. ¿Diez días hacen la quiteñidad? No creo. Aparte que me parece patético ir a la plaza a llorar por lo hispanos que nunca hemos sido, a ponerse ropita española e ir luego a un tablao; casi tan patético como los que van a España y vuelven ceceando a los dos meses. Lean a Gaspar de Villaroel (s. XVI y XVII): es el primero que llega a España, a darse cuenta que ya nos veían como "indianos"; y también el primer antitaurino de nuestra literatura: pide se prohiban las corridas, por considerarlas diversiones poco cristianas...

Entonces... ¿por qué no me gustan estas fiestas? Porque sacan lo peor de nosotros: nuestro complejo inveterado de ser mestizos, con aires de español... porque es más fácil festejar una fiesta cualquiera (ya está demostrado que esta no es la fecha de la fundación de Almagro) que reflexionar seriamente sobre quiénes somos... porque festejamos, cada año, que Quito haya sido arrasada hasta sus cimientos... bailamos sobre nuestros muertos y bailamos flamenco (¡olé!), y tecnobasura, reggaeton, bachata y más mierdas como esas... si quieren emborracharse, hay pretextos más chéveres que este...

¿Qué nos queda de quiteñidad en estas fiestas? Solo la guaragua, y la guaragua, y la guaragua...

Dixi

12 comentarios:

Robinson Viernes dijo...

Así se hace y así se escribe mi querido demonio!!! Por eso es mejor estar lejos de una ciudad de la que es mejor huir. Es una pena que La Gloriosa Institución haya conseguido lo que se merece y nosotros no estemos para festejar por algo que vale la pena.

Robinson Viernes dijo...
Este comentario ha sido eliminado por un administrador del blog.
Daniela Alcívar Bellolio dijo...

En Cumbayá las esconden, Javi...

yosoydelquito dijo...

me paestan igual... me encantan esos sías las fiestas en cualquier lado, en cualquier pueblo,mientras más lejano, mejor.... pero eso sí, me ha encantado festejar el campeonato... y por primera vez he recorridos la ciiudad solo pa gritar en todo lado salud campeón...

Anónimo dijo...

Negro, que montón de lugares comunes... Hasta vas a lograr que yo, que me confieso amargado irredento, busque alguna forma de que me gusten las fiestas... Igual soy tan longo que me gustan las rrrubias, has de creer.
Renueve los argumentos para poder sumarme,
Un abrazo,
Yanko

Ahmed dijo...

Javier, qué placer leer "y la guaragua" .. solo una cosita...sabe cuando realmente se fundó quito? es decir, en tiempos incas? he tenido esa duda mucho tiempo...y no encuentro dato alguno. Sabe, agradezco el no haber pasado este año en Quito...si bien nunca las festejé, ni siquiera yendo a los toros...creo que nunca me detuve demasiado a amar quito como debe ser...creo que empecé a hacerlo poco antes de irme..cuando trabajé en el centro histórico y ví su obra de teatro...pero como todo en la vida...lo aprendí tarde...bueno..ya tendré tiempo de hacer las cosas bien cuando esté de vuelta.

Mucha suerte javier...tiene que darme unas clasesitas de filología...aunque sea una...:D suerte.

Sepultura do Brasil dijo...

no sé yanko

proponer otras razones para que uno deteste más las fiestas que las que uno usa no es muy lógico...

sin embargo a mí se me ocurre el alto precio de la pilsener o la falta de buses a las 3 de la mañana o que a uno le apeste el abultamiento de gente en la mariscal y peor aún si se te ocurre ir en tu auto o porque te toca ver la ópera en la plaza y no en el teatro (como buen quiteño y de cepa por más señas) o que no puedas ver los fuegos artificiales porque el puto edificio de movistar te tapa la vista o porque unos ambateños (sí, he dicho ambateños y de los más típicos que vienen a quito sin ir más lejos) te apuntan con sus pistolas nuevas te roban el teléfono se te cagan de risa te patean y se van o porque uno de esos hipis ecologistas revolution baby i love che crea que los españoles y sus estimados toreros tuvieron la culpa y te vomitan todo el trópico en la puerta de tu negocio o que el gangotena se dedique a preparar un menú de fiestas de quito de cabrito a las finas hierbas con crema de salmón al romero y copos de nieve de huevo de avestruz a la campesina cuando a cien metros de su restaurante en cumbayá no habrá quien no quisiera mostrarle la verdarea "sazón" campesina...

todo me suena ilógico

yo al menos estoy a salvo (y quizá también el cevallos y también quizá vos en tu amargura irredenta)... o con otros pesares más audaces

Cesar Acuña Luzuriaga dijo...

Siempre fuiste un "contreras" siempre tuviste una visión, tu visión, diferente a la que dicen querer y amar a quito, aunque a diferencia de vos no saben ni donde mierda están parados, al fin de cuentas es un motivo más para intentar ser lo que no somos y bebernos nuestras frustraciones y complejos porque al final de cuentas ellas no se ahogan, nosotros si.

Anónimo dijo...

Javier... dos puntos de sutura en la frente... cuídate

taita pendejadas dijo...

Vásconez: pues sí... pero eso de la asociación no le veo tan claro... contarás...
Dani: vos has de saber...
Yosoydelquito: chuuuta, bróder... no hay felicidad más grande... ¡qué campeonato!
Yanko: ¿qué haría sin vos y tu pesimismo militante? de vez en cuando apareces... y para jalarme las orejas...
Nicojaramiranda: en cambio vos eres la anfetamina después del bajón...
Ahmed: chuuuuuta... esa discusión del origen es muuuuuy larga... capaz que subo algo después...
Anónimo: ¿¿¿¿???

Anónimo dijo...

Mis queridos Negro y Nicolásrobertojaramiranda, No creo, en realidad, que el Javier deteste las fiestas por semejantes obviedades, al menos no serán los principales motivos. No podría hacerlo alguien que ha recorrido Quito tanto como él y que lo ha apreciado tan largamente. Concuerdo mucho más con tus razones, Nico, aunque hay un punto común que me parece errado en ambos: quieren rescatar una quiteñidad desastrosamente pura, cuando lo hermoso, si algo tiene de hermoso esta ciudad, es su puta diversidad de mierda. Creo que el cabrito a las finas hiervas es —en su monstruoso arribismo extrangerizante— tan quiteño como el llapingacho de a la vuelta; las reinitas rubias y perfumaditas escondidas en donde quiera que se escondan son tan quiteñas como las más sabrosas cholitas a la salida de cualquier colegio popular. Odio las fiestas por principio, por el bullicio y la vulgaridad, pero me disgusta menos esa Quito diversa, dispuesta a la mezcla, al cambio, en la que los complejos nos han permitido una apertura gloriosamente mestiza y paradójicamente cosmopolita, que en la castiza España, por ejemplo, sería impensable. Y es la búsqueda de una ciudad pura lo que me escuece de sus argumentos.
Prefiero ser la azotaina a la anfetamina,
Un abrazo a ambos dos,
Yanko

Sepultura do Brasil dijo...

¿yo?, no sé si el ce, pero, ¿yo?, ¿rescatar una quiteñidad cualquiera que sea?

si lo que quiero es la independencia del plástico para envolver carnes y escusados... y pasar de lo demás

justo hace unas horas, en mi extranjeridad amena, discutía (más yo que ella a la luz de un par de guineses :P) con una amiga tan internacional como chilena sobre la... mmm... digamos verguenza y el ocultamiento de lo ancestral... frente a la aceptación (de cualquier manera en que nos agarre) de la sobrealimentación de cultura externa, del blanqueamiento y del ennegrecimiento... (de nada, cuando se te ofrezca, ya tú sa)... como echar sal en sipaquirá... al final... nada, como siempre

qué me importa la memoria
qué me importa la condena

ella en su inocente y distinguida "abolengia" tomó el camino más fácil... el del baño

obviamente ganó el barça

y la guiness